martes, 13 de julio de 2010

E-952

El Ciclamato de Sodio o "Ciclohexilsulfamato", también conocido como "E 952", es un edulcorante con un poder endulzante 50 veces superior a otros cuya característica principal es la de no contener calorías. Esto hizo que se incorporase a la industria alimenticia como un ingrediente adecuado para las dietas hipocalóricas y que rápidamente se popularizara su uso.

POLEMICA INTERNACIONAL
Aunque en la actualidad los dos organismos mundiales de la salud (OMS y FAO) avalan su uso, el ciclamato es un producto que suscita polémica sobre sus posibles efectos nocivos para la salud. Dicha polémica comenzó con su prohibición en EE.UU por otro organismo (FDA) que lo calificó de cancerígeno en la década de los 80. Años más tarde, la prohibición se extendió a Japón y México desde hace años por considerarse cancerígeno.

Recientemente se ha revivido la polémica alrededor del Ciclamato por la decisión tomada en Venezuela de unirse a la prohibición, particularmente, de un producto que contiene este edulcorante: Coca cola Zero

EN ESPAÑA
Ante el resurgimiento de la polémica, varios países han decidido adoptar medidas cautelares. En España el Consejo Asesor de Nutrición y Alimentos del Ministerio de Salud se encuentra evaluando la restricción del ciclamato sobre gaseosas, jugos y dulces.

El potencial del ciclamato como edulcorante fue descubierto por error cuando Michael Sveda, estudiante de la Universidad de Illinois, trabajaba en el laboratorio en la síntesis de un medicamento contra la fiebre y cuando puso su cigarrillo sobre su mesa de trabajo y al volver a ponerlo en su boca, descubrió el sabor dulce del ciclamato.

En 1958 el ciclamato fue catalogado como seguro. Posteriormente, algunos estudios iniciales sobre los efectos de diferentes combinaciones de ciclamato con sacarina, descubrieron que una relación de 1:10 en ratas aumentaba la incidencia de cáncer de vejiga urinaria. Debido a esto, en 1969 su uso en productos alimenticios fue prohibido por la FDA. Más adelante, otros estudios relacionaron un producto del metabolismo del ciclamato con atrofia testicular, lo que de hecho se asocia a una baja incidencia de ciertos tipos de cáncer aunque claro, esterilidad.

Luego de reexaminar la carcinogenicidad del ciclamato y analizar datos adicionales, se llegó a la conclusión de que el ciclamato no es cancerígeno ni co-cancerígeno, de hecho actualmente existe una petición en la FDA para reaprovar el ciclamato como aditivo. La versión oficial es que las preocupaciones de la FDA sobre el ciclamato no son relacionadas con el cáncer. Por el momento, esta sustancia está clasificada como endulzante no nutritivo y como sustancia propuesta para uso como aditivo, sin embargo su uso en alimentos es ilegal en EEUU.

En otros mercados como Europa y Canadá el ciclamato está disponible tanto como edulcorante independiente como en combinación con otras sustancias para obtener diferentes efectos. Es más económico que la mayoría de edulcorantes y el menos potente [de 30 a 50 veces más dulce que el azúcar, comparado con 300 veces de la sacarina, 180 del aspartame, 600 de la sucralosa y 180-200 del acesulfame K]. Además tiene menos efecto de mal sabor de boca que otros como la sacarina y el acesulfame K [sabor que detesto] y se mantiene estable al calentarse a diferencia de otros.

OTROS ENDULZANTES CUESTIONADOS

SACARINA (E-954)

Este edulcorante es usado desde principios del siglo XX. “No se ha demostrado que ayude a perder peso. Dosis altas provocaron cáncer de vejiga en ratas en experimentos realizados en los años ‘70. Se ha dicho que pueden producir cáncer en los hijos y nietos de quién lo toma. Está prohibido en Francia y en Canadá. En EE UU es obligatorio advertir en las etiquetas sobre los productos que contienen sacarina”, señala.

ASPARTANO (E-951)

“De origen químico, fue descubierto en 1965 y se usa desde 1983 como edulcorante en muchos productos de gran consumo. En el organismo se transforma en fenilalanina, ácido aspártico y metanol. Su toxicidad está siendo objeto de encendidas polémicas en EE UU, donde ha sido acusado de provocar convulsiones, estados de coma, tumores cerebrales y ceguera”. En el Estado español las etiquetas advierten de algunos de sus riesgos.


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