sábado, 25 de abril de 2009

Edulcorantes: ángeles o demonios.


Los edulcorantes no calóricos, ya sean naturales o artificiales, son una de las áreas más dinámicas dentro del campo de los aditivos alimentarios. Debido al gran crecimiento que han experimentado los alimentos bajos en calorías y, en mayor medida, las bebidas sin azúcar o light, estos aditivos han pasado a formar parte de la dieta habitual de una gran cantidad de la población. Para que un edulcorante natural o artificial pueda ser utilizado por la industria alimentaria debe ser totalmente inocuo y cumplir varios requisitos, como ofrecer un sabor dulce que se perciba rápidamente a la vez que desaparezca con facilidad. Además, su gusto debe ser lo más parecido al de la sacarosa, es decir, al azúcar común. También debe resistir las condiciones del alimento en el que se va a utilizar así como los tratamientos a los que se vaya a someter.

El uso de edulcorantes artificiales ha sido objeto de múltiples polémicas en cuanto a su seguridad a largo plazo. El consumidor es quien decide si asume un riesgo, muy remoto, frente a las ventajas que le aporta el uso de productos sin azúcar. Ante este hecho, las autoridades responsables han establecido una ingesta diaria admisible (IDA) no perjudicial para la salud. Los valores se expresan en mg/Kg de peso corporal para cada individuo, y tanto la Administración de Alimentos y Medicamentos estadounidense (FDA, en sus siglas inglesas) como la Organización Mundial de la Salud (OMS) informan periódicamente de si estos valores varían.

Por norma general, la ingesta de edulcorantes no calóricos está muy por debajo del IDA permitida. Muchos de estos edulcorantes se utilizan mezclados entre sí para potenciar su valor endulzante, un valor que no resulta de la suma de la mezcla sino que se produce un sinergismo, es decir, se eleva su capacidad de endulzar. Como resultado de esta mezcla, se obtiene un valor superior a los edulcorantes por separado, lo que contribuye a hacer un uso en pequeñas cantidades.

Aunque es muy difícil superar la dosis permitida, hay que tener en cuenta que cada vez hay más alimentos en el mercado que contienen elevadas cantidades de edulcorantes en su composición y, si a este hecho se le suma la ingesta de bebidas o productos sin azúcar, la suma final puede ser elevada. Todos los datos acerca de los efectos negativos de los edulcorantes se han obtenido a partir de experimentos en animales utilizando dosis muchísimo mayores que las ingeridas por un consumidor habitual, con lo cual la extrapolación al ser humano no es fácil. Por el momento, los estudios en este campo no aportan conclusiones rotundas.

Clasificación de los edulcorantes

Los edulcorantes se dividen en naturales, nutritivos y no nutritivos o intensos. Las diferentes familias de edulcorantes se clasifican de acuerdo con su origen. Los principales grupos son los edulcorantes naturales, los nutritivos y no nutritivos o intensos. Los edulcorantes naturales son los que provienen del azúcar que se encuentra en los alimentos. Adicionan propiedades funcionales a los alimentos mediante sus efectos en las características sensoriales, físicas, microbianas y químicas. Todas ellas proveen al consumidor similar cantidad de energía excepto en aquellas personas que padecen anormalidades genéticas del metabolismo de los carbohidratos como galactosemia o intolerancia hereditaria a la fructosa. Pertenecen a este grupo, entre otros, la glucosa, la fructosa, la galactosa, la sacarosa, la lactosa, la maltosa y la miel.

Los edulcorantes no nutritivos o intensos, llamados también de alta intensidad, pueden ofrecer a los consumidores una manera de disfrutar el sabor de la dulzura con poca o ninguna ingesta de energía o respuesta glucémica. Los edulcorantes no nutritivos pueden contribuir al control del peso o de la glucosa en sangre, así como a la prevención de las caries dentales. La industria de la alimentación valora estos edulcorantes por muchos atributos. Entre ellos, cualidades sensoriales como un sabor dulce puro, la ausencia de sabor amargo o de olor, seguridad, compatibilidad con otros ingredientes alimentarios y estabilidad en diferentes entornos alimentarios.

Entre los distintos tipos de edulcorantes enumeramos los más importantes:

  • Sacarina o E 954. La sacarina fue el primer edulcorante acalórico que se descubrió, creando una gran expectación entre personas diabéticas y obesas. De forma casual, el joven químico alemán Constantin Fahlberg, que estudiaba en la Universidad Johns Hopkins (EEUU), descubrió en 1879 que un derivado del alquitrán al que llamó sacarina (O-sulfamida benzoica), presentaba un sabor extremadamente dulce. La sacarina se incluyó en la primera lista que publicó la Administración de Alimentos y Drogas de los Estados Unidos de aditivos GRAS (Generally Recognised as Safe o Reconocida Generalmente como Segura), en 1959. Se trata del edulcorante artificial más utilizado, al ser de 300 a 500 veces más dulce que la sacarosa y utilizarse como aditivo en un amplio rango de alimentos, como refrescos, yogures, productos para diabéticos y bajos en calorías y como edulcorante de mesa. La forma más conocida es la sal sódica. Tiene un regusto amargo, sobre todo cuando se utiliza a concentraciones altas. Al igual que el ciclamato, es un edulcorante que resiste el calentamiento y los medios ácidos, por lo que es muy útil en muchos alimentos procesados. La ingesta diaria admisible es de 0-5 miligramos por kilogramo de peso (SCF).
  • En refrescos, batidos y cereales de desayuno es común encontrarnos el llamado ciclamato o E 952. Éste se sintetizó por primera vez en 1937. Es muy estable y su poder edulcorante es alto; unas 30 a 50 veces más dulce que la sacarosa. No aporta calorías y se emplea sobre todo como edulcorante de mesa y en bebidas instantáneas, productos horneados, conservas de frutas, dulces y productos farmacéuticos. En Europa está autorizado, siendo la ingesta diaria admisible de 0-7 miligramos por kilogramo de peso (SCF).
  • Los concentrados para bebidas y vegetales en conserva suelen contener otro tipo de edulcorante, el acesulfamo K o E 950. Es un edulcorante no calórico que fue descubierto casi al azar en 1967. Se autorizó en Inglaterra hacia la década de los 80. En la actualidad se utiliza en muchos países como Estados Unidos y los que componen la Unión Europea. Tiene un elevado poder edulcorante; es unas 130 a 200 veces más dulce que la sacarosa y su estructura química es más bien sencilla. Se emplea en bebidas carbonatadas y bebidas no carbonatadas, edulcorantes de mesa, productos lácteos, mermeladas, confituras y dulces, productos horneados y pasta dental, entre muchos otros. No provoca caries y es apto para diabéticos. Es muy estable durante el procesado de los alimentos y su almacenamiento. El organismo no es capaz de digerirlo ni de acumularlo, lo elimina rápidamente por vía renal, por lo que es totalmente inocuo. La ingesta diaria admisible es de 0-9 miligramos por kilogramo de peso (SCF).
  • Polioles de baja energía o "alcoholes del azúcar". Los polioles son edulcorantes que se utilizan como sustitutos del azúcar común. Aportan menos energía que los azúcares y tienen otros efectos beneficiosos: no afectan a los niveles de azúcar en sangre y son menos cariogénicos; es decir, no provocan caries. Hay polioles naturales, pero la mayoría se fabrican mediante la transformación de azúcares en laboratorio. Todos los polioles son absorbidos lenta e incompletamente en el intestino. No obstante, si se ingiere una dosis alta (más de 50 gramos de sorbitol o más de 20 gramos de manitol al día), pueden causar diarrea. Por este motivo, conviene limitar su ingesta diaria y están desaconsejados en niños, ya que en ellos el efecto laxante se manifiesta más fácilmente debido a su menor peso corporal. Los de mayor empleo son: E-420 o Sorbitol y jarabe de sorbitol, E-421 o Manitol, E-953 o Isomaltitol, E-965 o Maltitol y jarabe de maltitol y el E-976 o Xilitol. Se utilizan en productos bajos en calorías (caramelos, gominolas, chicles, etc.) y para diabéticos.
  • Los chicles, salsas y bebidas alcohólicas contienen Taumatina o E 957. Procede de la fruta «katemfe» (Thaumatococcus daniellii) del África Occidental. En Japón se lleva utilizando desde el año 1979, en Inglaterra se utiliza en fármacos, en Estados Unidos para los chicles y en Australia como aditivo aromatizante. Es el edulcorante más dulce; unas 2000-3000 veces más dulce que la sacarosa. Se trata de una proteína que el organismo emplea como tal, es decir, como cualquier otra proteína procedente de carnes, pescados, huevos, etc. En la boca, deja un cierto regusto a regaliz, según la dosis. Se utiliza en bebidas que contienen café, saborizantes, refrescos y en los productos fortificados o enriquecidos con vitaminas y minerales, además de enjuagues bucales y productos bajos en grasa. En ocasiones, se emplea con otras sustancias como potenciador del sabor. La taumatina está catalogada como «Reconocida Generalmente como Segura» por la Administración de Alimentos y Drogas de los Estados Unidos. Puede ser usada de acuerdo con las buenas prácticas de fabricación.
  • El aspartamo o E 951, tan común en los postres y pastillas de menta, fue descubierto en 1965 y se comenzó a utilizar inicialmente en Estados Unidos. Está formado por la unión de dos aminoácidos (constituyentes básicos de las proteínas), denominados fenilalanina y ácido aspártico. Tiene un elevado poder edulcorante; es unas 200 veces más dulce que el azúcar. Por este motivo, a pesar de que es calórico, conviene utilizar muy poca cantidad y su valor energético resulta inapreciable. A diferencia de otros edulcorantes, carece de regusto. Su principal inconveniente radica en que no resiste bien las altas temperaturas, por lo que no puede usarse en productos sometidos a temperaturas altas. Se emplea en: refrescos, zumos, cereales de desayuno, como edulcorante de mesa, chicles, lácteos, mermeladas, bebidas calientes de chocolate, multivitaminas y y en productos farmacéuticos. Es una sustancia inocua salvo en personas que padecen fenilcetonuria; una enfermedad congénita en la que se acumulan cantidades muy altas de fenilalanina en sangre, originando retraso mental y otras alteraciones importantes de la salud y calidad de vida. Por este motivo, en el etiquetado es obligatorio que aparezca una de estas advertencias: "no apto para fenilcetonúricos", "contiene una fuente de fenilalanina". La ingesta diaria admisible es de 0-40 miligramos por kilogramo de peso (SCF).
  • Neohesperidina DC -dihidrocalcona- (NHDC) o E 959. Se obtiene por modificación química de una sustancia presente en la naranja amarga, Citrus aurantium. Es entre 400 y 1800 veces más dulce que la sacarosa y tiene un sabor dulce más persistente, con regusto a regaliz. Se degrada en parte por la acción de la flora intestinal y es inocuo. Se puede utilizar en chicles, caramelos y bebidas carbonatadas y no carbonatadas, entre otros. También posee propiedades reductoras del sabor amargo. La ingesta diaria admisible es de 0-5 miligramos por kilogramo de peso corporal (SCF).
  • El nuevo aditivo de alto poder edulcorante derivado del azúcar común se llama Sucralosa. Es 600 veces más dulce que el azúcar, no provoca caries, no se transforma en el organismo y no aporta calorías. Además, es muy soluble en agua y tiene una excelente estabilidad en una amplia gama de alimentos procesados y bebidas, como edulcorantes de mesa, frutas procesadas, chicles y productos horneados. La ingesta diaria admisible es de 0-15 miligramos por kilogramo de peso corporal (SCF).

LA ESTEVIA, EDULCORANTE NATURAL

La stevia o estevia es un arbusto pequeño, perteneciente a la familia de los crisantemos y originario de la zona Norte de Paraguay y zonas adyacentes del Brasil.

Las hojas tiernas tienen un agradable sabor a regaliz y se puede usar para reemplazar el azúcar refinado puesto que contienen glucósidos de sabor dulce que no son metabolizables y tampoco contienen calorías. El edulcorante (esteviósido) de este arbusto es entre 25 y 30 veces más dulce que el azúcar y el extracto unas 200 veces más. Las hojas secas de la estevia contienen un 42% aproximadamente de sustancias hidrosolubles, además contiene proteínas, fibra, hierro, fósforo, calcio, potasio, zinc y vitaminas A y C.

Actualmente la estevia se cultiva en varios países como Japón, China, Corea, Malasia, Rusia, Israel, América del Sur y México. En estos países se utiliza como edulcorante en todo tipo de alimentos y bebidas, especialmente porque no tiene los efectos secundarios de otros edulcorantes y, además, no se descompone.

En 1970, Japón aprobó el uso de la estevia en alimentos y bebidas en sustitución de los edulcorantes químico-artificiales (supone el 41% de los endulzantes consumidos) y en Extremo Oriente es muy utilizada como edulcorante, tanto en refrescos como en chicles y hasta para saltear las salsas. Son los japoneses quienes más han investigado clínicamente la estevia y su extracto, el esteviósido y aunque se ha demostrado que es inocuo, está prohibida su «publicidad y venta» en la Unión Europea argumentando dicha prohibición en el hecho de que no hay suficientes datos que garanticen la seguridad de su uso alimentario.

Muchos de los usos de la estevia son conocidos como edulcorante de mesa, en bebidas, en pastelería, en dulces, en confituras, en mermeladas, en yogures, en chicles, entre otros. También se conocen sus propiedades medicinales destacándose su acción antidiabética ya que regula los niveles de glucosa en sangre. Otros estudios muestran que es una planta antibacteriana bucal, digestiva, diurética, vasolidatadora, con efectos beneficiosos en la absorción de la grasa y la presión arterial.

Todos estos datos hacen considerar a esta planta como una de las de mayor potencial en el futuro. Primero porque puede ser de ayuda en problemas nutricionales, pero fundamentalmente porque puede implicar una reducción del consumo de aditivos y de sustancias químicas de síntesis, con una acción antimicrobiana añadida que habrá que precisar en el futuro.

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